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Conciliación y efectividad: retos del siglo XXI

El pasado 20 de febrero escuché una interesante entrevista realizada a la investigadora y bióloga Ángela Nieto, quien no presume —aunque puede— de un impresionante currículum en el campo de la investigación y de la neurociencia. Además, me llevó a pensar que seguimos sin resolver la controversia entre la conciliación personal y laboral, pues se necesitan herramientas y cambios profundos para afrontar este reto del siglo XXI: la conciliación y la efectividad a todos los niveles de nuestra vida.

Ante la pregunta de «¿cuántas horas al día se pasa en el laboratorio?», me sorprendió la respuesta, más que por su contenido, por el tono: «Muchas, no es una buena cosa, trabajamos demasiado».

Ángela Nieto ejerce su profesión con un grupo grande de personas con mucha energía y entusiasmo, con importantes proyectos de investigación, además de labores de evaluación y de representación.

Esto significa que trabaja más de lo que es recomendable desde el punto de vista de la efectividad. Aludió en su respuesta a que no se trata de cuántas horas trabajes sino de cómo te organices.

No se trata de cuántas horas trabajes sino de cómo te organices

En su caso particular, confesaba trabajar más de 12 horas al día. La conciliación familiar casa mal en términos generales en el mundo laboral. En el caso del campo de la investigación, añade, se trabaja con plazos cortos, muchas fechas a las que llegar, congresos a los que asistir. 

Si además eres mujer, y no necesariamente científica, una época importante de la carrera profesional en la que nos tenemos que forjar como profesionales, coincide con el periodo de la maternidad. Y la sociedad todavía no tiene las herramientas necesarias para combatir esta desigualdad. Se trata de disponer de medidas de conciliación además de la comprensión de la familia y de la sociedad.

Esta entrevista, que recomiendo por su labor en el campo de la neurociencia como bioquímica molecular, me ha llevado a pensar que hay otro tipo de herramientas que pueden ayudar -en parte- a superar esta lacra del siglo XXI. 

La naturaleza de nuestro trabajo ha cambiado de forma radical y profunda en pocas décadas en relación al trabajo que durante millones de años el ser humano ha venido desempeñando. Hemos pasado de realizar un tipo de trabajo manual, repetitivo, evidente y previsible, a un nuevo tipo de trabajo cuya materia prima es el conocimiento. 

La naturaleza de nuestro trabajo ha cambiado de forma radical y profunda en pocas décadas

La mayor parte de la población, desde la segunda mitad del siglo pasado, ha pasado a realizar un trabajo cuyo valor está, además de en realizarlo, en pensar y en decidir. Esto es, la mayoría de nosotros nos pasamos el día analizando situaciones, evaluando riesgos y tomando decisiones. Tú eres profesional del conocimiento, como explica mi colega David Sánchez en este post.

El problema o debate que plantea la científica Ángela Nieto de forma indirecta con sus palabras es que nuestra forma de trabajar no ha cambiado a pesar de estar realizando un tipo de trabajo completamente diferente. Apela a la eficacia, el hacer las cosas correctas, y a la organización. Esto es, se refiere a la necesidad de utilizar el sistema 2 de pensamiento, el que nos hace únicos como especie, el que nos permite tomar decisiones de manera racional y reflexiva en todo momento. 

Me pregunto cómo es posible mantener la atención y la energía durante 12 horas al día en este tipo de trabajo como es el de la investigación, aunque igualmente aplicable a cualquier otra forma de trabajo del conocimiento. No me subiría, por ejemplo, a un avión cuyo piloto llevara 12 horas trabajando. La neurociencia ha demostrado que nuestra energía mental y nuestra capacidad de tomar decisiones diarias es limitada.

Nuestra forma de trabajar no ha cambiado a pesar de estar realizando un tipo de trabajo completamente diferente

La diferencia entre nuestro sistema 1 y sistema 2 de pensamiento, entre muchas otras, es que el primero es el que tenemos en común con otras muchas especies. Su objetivo es mantenernos vivos y trabaja de manera automática, sin que nos demos cuenta. Además, reacciona de manera impulsiva ante los diferentes estímulos según su (nuestro) estado emocional, por lo que elige en función de su (nuestro) estado de ánimo. 

En cambio, el sistema 2 es un sistema de pensamiento manual, que nosotros ponemos en marcha cuando nos ponemos a trabajar en aquello que requiere un esfuerzo intelectual, por lo que toma decisiones en lugar de elecciones en función de la información y datos de los que dispone. Y claro, pensar y decidir consume energía.

La importancia de entender que coexisten dos sistemas de pensamiento es fundamental para comprender cómo funciona nuestro cerebro y por qué después de una jornada laboral de 12 horas en el campo de la investigación —o de cualquier otro tipo de trabajo del conocimiento— tiene consecuencias como las que comenta Ángela Nieto en su entrevista.

Para entender cómo funciona nuestro cerebro es importante sabe que coexisten dos sistemas de pensamiento

En este post he querido transmitir la dificultad de cómo conciliar una jornada laboral maratoniana en la que se deben tomar decisiones de manera reflexiva con el sistema 2 a la vez que se trata de conciliar una vida familiar/personal y convivir con el sistema 1 que, dicho coloquialmente, tiene problemas de convivencia con el sistema 2. 

Obviamente no es un problema exclusivo de las mujeres, aunque sean las que más lo sufrimos por tener que conciliar o renunciar a la maternidad. Sin embargo, es una controversia social y política que no acaba de resolverse, precisamente, por la ausencia de este tipo de conocimientos. Las barras de bar, ya se sabe, no son más que eso.

Ni la metodología GTD® ni la efectividad personal van a terminar por sí solas con esta controversia. Sin embargo, sí son la herramienta y la competencia a desarrollar que facilitan la posibilidad de trabajar con menos estrés, llegar a los plazos establecidos y alcanzar un mayor grado de organización a través de la combinación de la eficiencia y de la eficacia con el fin de gestionar mejor nuestra energía y/o atención.

2 Comments

  1. Creo que —además de todo lo que comentas— hay también un problema de fondo importante relacionado con creencias. Las «muchas horas» son hasta cierto punto inevitables cuando se opera desde un paradigma exclusivamente cuantitativo como es el industrial. A más horas, más resultados. Punto.
    Una de las características que diferencian a la gente altamente efectiva es que consiguen mejores resultados que la gente poco efectiva dedicando muchas menos horas. La clave de todo esto es dedicar más tiempo a pensar y menos a hacer. Gran parte de la actividad física es errática, incoherente, redundante o, simplemente, absurda, como consecuencia del déficit de pensamiento que la origina. Como decía Einstein a sus alumnos, si él tuviera una hora para resolver un problema, utilizaría 55 minutos en analizarlo, y una vez conocidas las causas, tardaría 5 minutos en encontrar una solución. Esto se ve poco en las organizaciones. En su lugar, se ve un ritmo frenético, todo el mundo corriendo como pollo sin cabeza, enfrascados en el «hacer por hacer» en lugar de «hacer con sentido». Al margen de esto, la conciliación como tal es un sinsentido en el trabajo del conocimiento, al menos en su concepción tradicional. Trabajo es lo que haces, no un sitio a donde vas determinados días a determinadas horas. Si tu herramienta de trabajo es tu mente, no puedes separar lo personal de lo profesional. Es antinatural. Se trata de integrar todos los aspectos de tu vida, no de separarlos, como si pertenecieran a vidas distintas. El problema de fondo que se suele querer resolver con esta división artificial es que no te gusta tu trabajo, y si lo que ocurre es que no te gusta tu trabajo, entonces tienes un problema grave que ninguna conciliación del mundo te va a resolver. Teniendo en cuenta que dedicamos unos 2/3 de nuestra vida a trabajar, si no te gusta tu trabajo, lo que ocurre es que no te gusta tu vida, y conciliar un poco más o un poco menos no va a cambiar eso.

    • Así que el reto no está tanto en la conciliación de la que tanto se habla sino en cambiar nuestra forma de entender en qué consiste nuestro trabajo. Si lo he entendido bien, la conciliación sería una manera de entender nuestra vida personal y laboral como un todo y un concepto pasado de moda más propio de la era industrial. Como profesionales del conocimiento, debemos poner el foco en la forma en la que trabajamos y en la que nos organizamos, en cómo estemos utilizando (dicho sea de paso) nuestro sistema GTD® de forma realmente efectiva.

      Gracias por esta otra perspectiva de la controversia 😉

      Un abrazo,
      Laura.

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