Mente Extendida

El Blog de Laura Sastre

Optima infinito

O procrastinas o mientes

| tiempo de lectura 4:54'
Procrastinación

Estoy escribiendo este post desde mi casa/oficina. Llevo dos semanas sin salir de mi guarida en esta cuarentena viral causada por la llamada COVID-19 que invita a la procrastinación. Estarás hasta el gorro de leer sobre la pandemia, así que no te preocupes, solo quiero aprovechar estos días de confinamiento para comportarme como una descarada y decirte a la cara que tú eres una de esas personas que o procrastinas o mientes.

Y no te ofendas porque procrastinar es un impulso natural.

«Hay dos tipos de personas: las que procrastinan y las que mienten», José Miguel Bolívar.

Por nuestra naturaleza humana es normal que nos dejemos llevar por la pereza y por el dolce far niente en el sofá, aunque después vengan las prisas, los lloros y los lamentos. Hacemos lo que nos gusta aunque no sea lo más prioritario en ese momento y procrastinamos aquello que no sabemos hacer o que nos aburre. Y es que la procrastinación es ubicua ¡nos acompaña a todas partes!

«No dejes para mañana lo que puedas hacer pasado mañana», Mark Twain.

Procrastinar no es un concepto de moda, sino que lleva (y estará) con nosotros por los siglos de los siglos, Amén. De hecho, procrastinar viene del latín procrastināre, cuyo significado conocemos de sobra: posponemos tareas de forma voluntaria y consciente a sabiendas de que nos traerá consecuencias negativas.

Como explica el Dr. Piers Steel en su libro Procrastinación —el que me estoy leyendo en estos días de #quédateencasa— la procrastinación nos acompaña desde el mismo inicio de la civilización: «La historia de la procrastinación debió de empezar hará unos nueve mil años, a la vez que se inventaba la agricultura». Resulta fácil imaginarse a un campesino del neolítico procrastinar para ir a sembrar patatas ¿verdad?

Según el autor, que se ha empeñado en explicarnos con mucho humor los mecanismos que activan la procrastinación, quienes se llevan la medalla de oro, los campeones mundiales de la procrastinación son los estudiantes universitarios. 

¿Cuántas veces dejaste el estudio de un examen para el último día? Quizás si te lo pregunto a la inversa te resulte más fácil ¿alguna vez preparaste un examen con antelación? O esta es aún mejor, ¿cuántas veces decidiste ordenar tu habitación en lugar de ponerte a estudiar?

Componentes básicos de la procrastinación

Tomando como ejemplo uno de esos trabajos escritos que debías entregar al final del semestre (¡cómo olvidarlos!), el Dr. Steel nos cuenta cuáles son los componentes básicos de la procrastinación:

Valoración baja (es un tormento tener que escribir 20 páginas sobre un tema que no conoces ni te interesa);

Expectativas bajas (el resultado de tanto esfuerzo te parece completamente incierto);

Tiempo de demora (si la fecha de entrega es única y lejana en el tiempo pierdes la motivación).

Ahora piensa por un instante en algo en lo que sueles procrastinar de forma reincidente sin saber muy bien por qué. Es probable que tomes decisiones en base a tus expectativas, es decir, piensas en cuánto placer te va a proporcionar pero también en la certeza de que ese placer llegará, a ser posible de inmediato. Y claro, tomar decisiones así nos lleva a equivocarnos una y otra vez.

Motivos para procrastinar

Básicamente procrastinamos por cuatro motivos, y estoy segura de que te reconoces en más de uno:

  1. Eres una persona impulsiva, no te gusta esperar y te resulta muy difícil empezar a trabajar en algo por adelantado, por lo que te estancas con facilidad.
  2. Sientes aversión hacia la tarea, lógicamente procrastinas las cosas que no te gustan.
  3. Tienes tentaciones al alcance de tu mano, por lo que para iniciar «esa» tarea, necesitas una motivación mayor a la de bajar al bar a tomarte unas cañas con tu pandilla.
  4. No planificas, lo que en GTD® llamamos concretar de forma física y visible tus siguientes acciones para que sean fácilmente tachables, por lo que sigues procrastinando día tras día.

¿Te suenan estas razones por las que procrastinas? Además, añadiría otra que sale de manera reiterada en mis posts: vivimos en un entorno VUCA, donde todo pasa rápidamente, todo cambia a la velocidad del rayo y donde recibimos miles de impactos a través de las nuevas tecnologías ¡no es difícil caer en las redes de la procrastinación!

Así nos los explica el Dr. Steel: «El entorno no es completamente inocente; no es el culpable de la procrastinación, pero sí de su intensidad: la vida moderna ha convertido la procrastinación en una pandemia». Lo cual, ahora que se habla tanto de la pandemia del coronavirus y que estamos la mayoría de nosotros teletrabajando o de vacaciones forzosas en nuestra residencia familiar, me pregunto cuántas de esas listas de «Algún día/Tal vez→Cosas que hacer en casa/Libros que quiero leer/etc.» seguirán tal y como estaban antes del confinamiento casero.

«Ese marear la perdiz es en parte hereditario (…). Nuestra tendencia a posponer las cosas tardó cien millones de años en formarse, y ahora está casi rotulada en nuestro ser», Dr. Piers Steel.

Tanto si usas GTD® como si no, hazte estas sencillas preguntas (y compártelas al final del post si te apetece): 

1) ¿cuántas listas tienes de cosas pendientes para hacer el día que tengas tiempo libre?

2) ¿cuántas cosas has dicho que harías si no tuvieras que ir a trabajar?

3) ¿cuántas cosas has sacado de esa incubadora llamada «Algún día/tal vez»?* (sólo para quienes utilizáis GTD®)

4) ¿cuántas de esas cosas has hecho desde que estás pasando la cuarentena en casa?

Este post no quiere hacerte sentir culpable, de hecho, procrastinar no tiene por qué ser negativo. GTD® no consiste en no dejar para mañana lo que puedas hacer hoy, sino en hacer en cada momento lo que tenga más sentido hacer. Porque como explica José Miguel Bolívar en este post, «Procrastinar con GTD® aumenta tu productividad».

El Dr. Piers Steel nos da otra pista. Ni la persona más obsesionada en terminar todas las tareas a la primera ni el procrastinador que lo deja todo para el último momento actúan de forma inteligente.

«En su elección de qué hará ahora y qué dejará para después es donde radica la procrastinación»,  Dr. Piers Steel.

Como has visto, el origen principal de la procrastinación se encuentra en la impulsividad, en vivir impacientemente en el momento y quererlo todo ahora mismo. 

Pero estamos viviendo momentos difíciles a todos los niveles. Y es que, como bromeaba José Miguel Bolívar, «nunca es un buen momento para una pandemia». Para no perder el buen humor, tampoco nos debemos fustigar ante la impotencia que sentimos muchos ante esta situación. El mismo Dr. Piers Steel nos lo resume en esta brillante frase: «debemos afrontar preocupaciones y oportunidades a largo plazo con una mente que por naturaleza responde más al presente». Algo que da para otro post 😉

Ánimo y un fuerte abrazo.

Comentarios

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Helga


La verdad es que, leyéndote y reflexionando sobre las ocasiones en las que suelo procrastinar, me doy cuenta que no son las tareas que menos me gustan sino las que encuentro cierta dificultad. Pero por contra, cuando las hago (porque eso sí que tengo, me puede costar hacerlas pero siempre cumplo con ellas) siento satisfacción por haberlo realizado. Es decir, de mis pensamientos iniciales: "uff, esto me va a suponer un mundo", "me va a salir un churro", "voy a tardar una eternidad" que hacen que lo vaya dejando, paso a un estado de tranquilidad y satisfacción por haberlo logrado. Realmente, gtd me ayuda a focalizarme y en especial, a darle un toque a mi mente, como un tipo de aviso "ei, tú, espabila". Un abrazo !!!

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Laura Sastre


Ya has encontrado la piedra en el zapato: redacta tus siguientes acciones de la manera más concreta posible, imagínate realizándolas y utiliza un verbo de acción. Por ejemplo, si tu siguiente acción es llamar para pedir cita a tu médico, asegúrate de que tienes el número de teléfono de tu doctor. Así de simple, porque tu cerebro va a procrastinar todo aquello que no le resulte sencillo ¡al cerebro le gusta tachar!!! En resumen, se trata de ir de lo abstracto a lo concreto, específico, visible ¿te suena?

Muchas gracias por compartir Helga.

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Helga


Lo de redactar al detalle las próximas acciones no suelo hacerlo. Bueno, algo sí pero si lo tengo claro no lo redacto de manera extensa. Y es cierto que es algo que se enfatiza en la metodología pero me acabo de dar cuenta de la importancia que tiene. Detallar las próximas acciones es una forma de decirle al cerebro cuando se pone en modo protector ante una acción novedosa o que sale de nuestra zona de confirt “¿ves cómo puedo hacerlo sin que me protejas tanto?” Es visualizar el camino hacia tu objetivo... me suena, me suena 😉 Gracias por tus sabios consejos! Un saludo Laura!

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Daimer


En mi caso soy muy raro, procrastino todo aquello que me causa una emoción fuerte(impulso), pero está emoción es positiva a diferencia de los demás, cuando encuentro una tarea que me interesa y quiero dominar suelo dejarlo para un rato, quiero decir, primero comienzo a hacer otro tipos de actividades medianamente relacionado a lo que me causa ese pulso hasta que es momento de entrar en materia, es raro, suelo dar muchas vueltas sobre al asunto, aora estar seguro de que no me pierdo nada, ni el mínimo concepto, no sé si me he explicado bien.
Ejemplo: Cuando comenzaba a estudiar integrales, y sentía una emoción muy fuerte, prefería estudiar temas que ya había dominado como derivada o límites de forma muy rápida hasta llegar a derivada, y el resultado ? Pues... Estudiaba en el tema en este caso integrales, y me daba de cuenta que lo dominaba, se me daba muy fácil y no necesitaba estudiar conceptos anteriores ... Y lo peor... yo sabía que estaba listo para dicho tema.

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Daimer


Hasta llegar a integrales * quiero corregir esa parte :)

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Laura Sastre


Hola Daimer, muchas gracias por compartir tu experiencia.

Según el autor del libro «Procrastinación», existen diferentes tipos de procrastinadores: los que no ven valor a su trabajo, los que no esperan gran cosa (bajas expectativas) y los que son sensibles al tiempo. Estos últimos prefieren las recompensa de manera inmediata. Pero en los tres casos, el resultado siempre es el mismo: se deja la tarea para el último momento. De hecho, cuanto más tiempo tienes para decidir realizar la tarea, más procrastinas.

La solución que propone el Dr. Piers Steel (entre muchas otras) es la de convertir tareas que nos resultan fáciles en rutinas, porque lo que nos cuesta es arrancar.

Un saludo,
Laura.

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