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Optima infinito

¿Sabes cuál es tu nivel de compromiso?

| tiempo de lectura 4:19'
Sabes cuál es tu nivel de compromiso

En el año 2015, OPTIMA LAB entrevistó a Francisco Alcaide a propósito de la publicación Aprendiendo de los mejores. Su primera frase fue «El compromiso es la determinación con nuestras metas. El compromiso no admite excusas, solo resultados».

Y, en contra de lo que pudiera parecer, los resultados no sólo se consiguen con esfuerzo, sino más bien a través del compromiso y del cambio

José Miguel Bolívar lo explica maravillosamente bien en su blog: «Evidentemente no habrá resultados sin esfuerzo, pero tampoco los habrá sin cambio, por mucho que nos hayamos esforzado». Y para que las cosas cambien, más que esfuerzo se requiere pensar, «un hábito tan poco desarrollado y que tanta falta hace».

Vivimos en la era de la inmediatez y del cortoplacismo. Nuestras buenas intenciones a primeros de año se desvanecen nada más escribirlas mientras seguimos quejándonos de que no tenemos tiempo cuando en realidad sí lo tenemos, pero para las cosas que nos gustan o no nos suponen un esfuerzo o un pensamiento extra. 

Mucho se ha escrito sobre el impacto de las redes sociales y de la cultura de la imagen, de lo instantáneo y de los problemas para mantener la atención como lo hace en Focus Daniel Goleman

Quieres llevar una vida sana, leer más, dedicarle más tiempo a tus seres queridos o a tus aficiones. Pero te sigues quejando año tras año de que, otra vez, no hay manera porque no te da la vida.

Y es que las buenas intenciones nunca son suficientes. No es que sea una tarea sencilla cuando vivimos en un entorno plagado de distracciones. Pero lo que depende de ti reside en tu círculo de influencia: eres el resultado de tus acciones, y éstas de tus decisiones.

No cumples lo que dices que vas a hacer, simple y llanamente, porque tu nivel de compromiso es bajo. Dicho de otro modo, existe una falta de coherencia entre lo que dices que deseas conseguir y lo que haces para conseguirlo.

Para aterrizarlo con un ejemplo real. Yo siempre he querido hablar alemán, nadar todos los días y ganar una medalla olímpica. Pero tiro la toalla enseguida porque ¡cuesta mucho!

Mi falta de compromiso con «mi lista de deseos» hace que cuando las cosas se ponen difíciles abandone y vuelva a mi zona de confort.

Es como quienes se acercan a la metodología GTD® porque desean organizarse mejor, ser personas más efectivas o librarse del estrés para siempre «sin esfuerzo». 

Siempre decimos en nuestras formaciones que GTD® se explica en dos minutos. Puedes montar tu sistema en dos días. Pero vas a tardar una media de dos años en integrar la metodología para que te salga de manera natural. Y esto es así porque conlleva un cambio profundo de pensamiento.

Como en todas las facetas de nuestra vida, un cambio de hábitos y/o un nuevo aprendizaje requiere tiempo y esfuerzo. Si tienes un nivel de compromiso alto, cuando las cosas se tuercen o se complican, sigues adelante.

Y para conseguir lo que se quiere hace falta claridad de ideas, visión (qué quieres y para qué lo quieres) y compromiso, la determinación de la que habla Francisco Alcaide: «hacer lo que haga falta el tiempo que haga falta».

Se te llena la boca con los propósitos de año nuevo. Con qué ilusión empiezas docenas de proyectos. Te apuntas al gimnasio, porque este año sí, lo conseguirás. Emprendes un nuevo negocio. Adquieres compromisos, «confía en mí, no te fallaré». 

Lo que ocurre es que la confianza se genera cuando cumples con tus compromisos. Cuando dices que vas a hacer algo y lo cumples.

Sin embargo, sin claridad de ideas y sin compromiso, la vida sigue y la inercia te acaba llevando al lugar de siempre. Ese lugar con un histórico récord de frustraciones.

También ocurre, como explica Eugenio Moliní en su Libro sobre Participación Genuina, que «a la mayoría de las personas nos han educado para aceptar la sumisión a cambio de la promesa de seguridad». Es decir, que la cabra tira al monte. No sé si me explico.

No sólo eso sino que, a pesar de expresar las mejores intenciones, tus acciones reflejan una evidente resistencia al cambio. 

Identificar a las personas comprometidas es tremendamente fácil: saben lo que quieren, saben lo que hace falta para conseguirlo y actúan en consecuencia. Se hacen responsables de sus propias decisiones. Y si se equivocan, se vuelven a levantar más sabias.

No importa si utilizas o no GTD® para entender que: una cosa es moverse en el día a día, a nivel suelo con tu calendario, tus listas de siguientes acciones y proyectos. Puede que tengas el control, pero también hace falta perspectiva.

Y la perspectiva es la que te permite ver un poco más allá, es subir un escalón para ver la panorámica de tu vida. ¿Tus acciones del día a día te llevan a tu lista de propósitos? Las decisiones que tomas, ¿te orientan hacia lo que de verdad te importa? Cuando ves que el año se termina, ¿tienes la sensación de haber avanzado en tus compromisos?

Si has respondido que sí, es que te has comprometido. De lo contrario, has estado un año más buscando excusas. Esas excusas que provienen del desconocimiento, de la falta de esfuerzo o de curiosidad, del esperar que las cosas lleguen por sí solas. De no pararte a pensar.

Es como cuando sigues el workflow en el paso de «Aclarar» con GTD®. Responder de manera realista y honesta «sí» o «no» te obliga a ser coherente entre lo que decides hacer y lo que dices que significan las cosas para ti. 

Por lo tanto, las decisiones no las tomas tú, sino que son el resultado de aplicar bien el workflow. Las decisiones que tomas en tu día a día son un espejo de tu nivel de compromiso.

Por aportar una anécdota de alguien comprometido con su trabajo, cuenta Woody Allen en su autobiografía A propósito de nada que una de sus películas —Stardust Memories— no fue excesivamente bien recibida. Sin embargo, le hizo sentir que había logrado algo importante.

Comentarios

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Helga


Me encantó, Laura! No hay cambio si no hay compromiso y este compromiso lo adquirimos/mantenemos cuando somos conscientes (y no perdemos el foco) del para qué de ese compromiso (de la finalidad final). La verdad es que tiendo (tendía) a ser una persona que le cuesta comprometerse con algo a largo plazo porque me es difícil ver el resultado final a años vista (yo es que soy muy del aquí y ahora 🙈) Pero es algo que he ido mejorando (gracias al desarrollo personal). Lo resumes maravillosamente: “la perspectiva es la que te permite ver un poco más allá, es subir un escalón para ver la panorámica de tu vida”. Es lo que me permite mantener el foco y no desviarme del camino. Super post amiga!! 🤩

Laura Sastre avatar
Laura Sastre


Hola Helga,
En realidad es puro sentido común, pero no nos paramos a evaluar nuestros compromisos. El «para qué» quieres conseguir algo es la clave: si le ves el valor al resultado tu nivel de compromiso aumenta exponencialmente.
Sin ir más lejos, después de escribir el post me pregunté porqué llevo meses procrastinando llevar el coche al taller. Cuando le encontré el valor de llevarlo a la revisión anual no dudé en llamar para pedir cita y ahí estaba al día siguiente. ¡Pensé la tragedia que sería que me dejara tirada en una de mis salidas de fin de semana en la carretera!
Muchas gracias por compartir.
Un abrazo.
Laura.

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