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Cómo las creencias limitantes minan tu efectividad (II)

| tiempo de lectura 4:02'
Cómo minan tu efectividad las creencias limitantes (II)

La semana pasada expuse algunos ejemplos de cómo las creencias limitantes minan tu efectividad. Estas creencias limitantes tienen que ver en cómo percibes la realidad. Imagínate que te pones una gafas graduadas, o unas gafas con cristales de color ¿verdad que ves una realidad diferente?

David Burns explica que, por ejemplo, si te sientes deprimido, las gafas con las que percibes la realidad no te dejan ver nada positivo. Si no eres consciente de que el problema son las gafas, llegas a creer que todo es negativo. Así actúan las creencias limitantes.

Veamos algunos ejemplos más de creencias limitantes que frenan en seco tu efectividad.

No conoces a mi jef@

¿Cuántas veces has dicho «es que no conoces a mi jef@»? No te engañes, no vas a cambiar a tu jef@, pero tú sí puedes cambiar y también puedes cambiar lo que haces y cómo lo haces. 

Y lo que está en tus manos cambiar son algunos comportamientos, hábitos y estrategias ¿Quién dice que no puedes?

Aprende a reconocer qué cosas están en tu círculo de influencia —qué cosas dependen de ti para que cambien— y qué cosas están en tu círculo de preocupación —¿puedes hacer algo para que mañana deje de llover?—.

En mi trabajo todo son urgencias

Es una queja típica en la mayoría de organizaciones. Como en el caso anterior, hay cosas que caen en tu círculo de influencia y hay otras que no. Veamos las que dependen de ti.

¿Tienes las notificaciones activadas mientras trabajas?

¿Eres de esas personas que, cuando les llega un email a su bandeja de entrada, dejan lo que están haciendo para abrirlo inmediatamente como si se tratara de vida o muerte?

¿Dejas lo que estás haciendo para iniciar otra tarea cada vez que te piden algo?

Una urgencia es que se le pegue fuego a tu casa o que te llamen del colegio porque tu hijo se ha puesto enfermo. Decía Peter Drucker que no conocía ninguna emergencia que no pudiera esperar 90 minutos. Yo tampoco.

Deja que te pregunte una cosa y responde honestamente: en tu día a día ¿todo son urgencias o te pasas el día atendiendo las «urgencias», necesidades y prioridades de los demás por culpa de su manera de trabajar?

Es lo que se conoce como creencia de maximización, evaluar los acontecimientos otorgándoles un peso exagerado en base a la evidencia real.

Yo ya tengo mi sistema de organización

¿Te funciona al 100%? ¿Hay algo que podría ser susceptible de mejorar? ¿Te libera del estrés y evita que se te olviden las cosas? Perfecto, puede que ahora mismo no necesites GTD®.

Ojo con caer en la creencia del pensamiento dicotómico, esa tendencia a clasificar las experiencias en una o dos categorías (lo que te funciona y lo que no) saltándote a la torera las evidencias.

Aunque, si me permites que te diga una cosa… Si utilizaras GTD® ¡imagínate hasta dónde podrías llegar!

Tengo demasiado trabajo como para ponerme a implantar GTD®

Por eso las vacaciones suelen ser un buen momento para afrontar cambios como este. Sin embargo, antes de seguir, vamos a descartar que no vaya a ser otra creencia limitante. 

¿Qué ventajas tiene pensar que implantar GTD® te va a suponer un problema? ¿Este pensamiento te ayuda a solucionar tu estrés y a sentirte mejor? ¿Has pensado qué ventajas te supondría implantarlo ahora?

Siento agobio en lugar de alivio cuando me siento frente a mis listas

Esta sensación es habitual cuando empiezas porque, de pronto, toda tu realidad se planta delante de tus narices. Cuando tus asuntos pendientes están solo en tu cabeza, la mayoría del tiempo no eres consciente de en qué andas

Sin embargo, te acuerdas de cosas personales en el trabajo, y de cosas profesionales cuando estás jugando con tus hijos en tu tiempo libre.

Por no hablar de la calidad del sueño, ¿nunca te despiertas con ansiedad porque te has acordado de algo en plena noche?

Se trata de una creencia limitante conocida como «abstracción selectiva». Te centras en los detalles extraídos fuera de contexto, ignorando la información relevante de cada situación.

GTD® y sus listas pueden provocar pavor al principio, pero piensa esto ¡mejor fuera de tu cabeza que en ella! Eso sí, todos tus asuntos deben estar en una mente extendida, en ese disco duro externo de confianza, no como tu memoria.

Como dice David Allen, GTD® te permite elegir con confianza qué hacer en cada momento. Mejor aún, permite que te sientas bien con lo que no estás haciendo cuando sabes lo que no haces 😉 

No necesito GTD® para mi vida personal

Trabajes o no, tu vida —y todos tus asuntos— bien merecen una atención especial. ¿Acaso el día a día de la familia, el hogar, los hijos o los estudios no tienen una carga importante de trabajo? 

GTD® no sólo te aporta control, perspectiva y te libera del estrés, sino que te permite tomar mejores decisiones. Permite que explores tu creatividad y, de paso, reflexionar sobre las cosas que realmente te importan ¿Por qué limitarte?

Conclusiones

Tus comportamientos vienen determinados por lo que piensas, lo que sientes y lo que haces. Si alteras uno de estos tres elementos, cambian los demás. Es un circuito sistémico.

Según lo que crees, tomas decisiones. Según las decisiones que tomas, lo que haces o dejas de hacer determina tus resultados.

Para que GTD®, o cualquier otra metodología, funcione, requiere un compromiso por tu parte, una predisposición y una apertura al cambio.

Obviamente, no siempre lograrás lo que deseas a la primera, la clave está en modificar tus creencias en función de los resultados obtenidos. Cada fracaso te proporciona información de lo que no funciona. ¿Qué has aprendido?

 

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