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El poder de los hábitos para dominar GTD (II)

| tiempo de lectura 3:48'
El poder de los hábitos para dominar GTD (II)

Ojalá hubiera leído antes El poder de los hábitos. No será que José Miguel no me lo hubiera recomendado hacía tiempo. En él, el autor te invita a descifrar cómo funcionan los hábitos a nivel neurológico y qué se requiere para cambiarlos. Y lo hace de una manera amena y con casos reales.

Un hábito se define, tal y como explica Charles Duhigg en el libro, como «las elecciones que hacemos de forma deliberada en algún momento y en la que luego dejamos de pensar pero seguimos haciendo, muchas veces a diario». 

Es lo que ahora me permite Capturar de manera automática con el Sistema 1. O conducir de regreso a casa mientras escucho la radio sin pensar que estoy pisando el embrague para cambiar la marcha, sin rebasar el límite de velocidad, mirar por el retrovisor y ceder el paso, todo al mismo tiempo. He de decir que, cuando estaba en la autoescuela, jamás pensé que lo lograría.

«Más del 40% de las acciones que realiza la gente a diario no son decisiones reales, sino hábitos», Charles Duhigg.

Explica Charles Duhigg que si te centras en un patrón, el llamado «hábito clave», aprendes a cambiar o a reprogramar otras rutinas. De hecho, a medida que vas modificando tus hábitos, modificas tu cerebro.

El proceso de fijación de un hábito se basa en un proceso cerebral que Duhigg define como «un bucle de tres pasos»: la señal, la rutina y la recompensa.

Así que, de forma deliberada, me empeñé en desarrollar los nuevos hábitos propuestos por GTD®. Tuve primero que desaprender, lo cual fue el mayor reto de todos. Dejar de planificar, dejar de intentar gestionar el tiempo, dejar de confiar en mi memoria. 

De todos los pasos de GTD®, puedo afirmar con toda seguridad que lo que más me costó fue: dejar de inventarme fechas en mi calendario y desarrollar el hábito de ir a mis listas para elegir qué hacer en cada momento.

Conté con el privilegio de tener en casa a mi marido, a quien se le saltaban las lágrimas de la emoción al verme Capturar. Pero también con la generosidad de Paz y de José Miguel ante cualquier duda que me surgía ¡qué paciencia tuvisteis y qué bien os lo pasasteis viéndome sufrir!

Mi formación en Coaching y en Programación Neurolingüística también me ayudó para vencer mis resistencias y algunas falsas creencias. Empecé a establecer rutinas, a pesar del agotamiento emocional que me supuso el cambio.

«Los hábitos, tanto como la memoria y la razón, son la base del comportamiento humano», Charles Duhigg.

Pero hubo otro detonante que, visto ahora, fue lo que más me ayudó a desarrollar los nuevos hábitos: el ansia. Explica Charles Duhigg que el ansia «hace que las señales y las recompensas funcionen, pues el ansia le da potencia al bucle del hábito».

El ansia es la estrategia que se lleva utilizando en la publicidad desde las primeras décadas del siglo XX para crear nuevos hábitos entre los consumidores. Para mí fue clave. El ansia por aprender, el ansia por no quedarme atrás, el ansia por dominar GTD®.

Obviamente, la propuesta de José Miguel para incorporarme a la Red OPTIMA LAB, la oportunidad de conocer a David Allen en persona y obtener mi certificación como GTD® Master Trainer, provocaron en mí el ansia de aprender. ¿Recuerdas que te dije que soy muy orgullosa?

Y funcionó. Echando la vista hacia atrás, pienso que mi progresión ha sido evidente en estos últimos años. La curiosidad y el ansia por encontrar respuestas a nuestros comportamientos y a cómo funciona nuestro cerebro me han ayudado tremendamente a la hora de establecer nuevas rutinas que se han convertido en comportamientos automáticos. 

«Si aprendemos a observar las señales y las recompensas, podemos cambiar las rutinas», Charles Duhigg.

Aplicado a GTD®, permite entender que, a quienes (ahora) llevamos años utilizando la metodología, el hábito de Capturar, Aclarar, Organizar, Reflexionar y Ejecutar nos salga de manera automática y sin esfuerzo.

Para fijar los nuevos hábitos, por supuesto, es importante cerrar el bucle definiendo las recompensas. Se trata de dar sentido o encontrar el valor a lo que estamos haciendo para que el cerebro pueda «descifrar» si vale la pena aprender el nuevo patrón. 

De ahí que, por ejemplo, uno de los pasos que menos me costó incorporar fuera el de la Revisión Semanal. La sensación de control que me aporta revisar mi sistema y reflexionar sobre mis compromisos ha sido una ayuda para mi cerebro a la hora de desarrollar el hábito. No en vano, todos los domingos, al terminar mi Revisión Semanal, experimento una sensación física como si mi cuerpo levitara. No es que GTD® obre milagros, pero las personas efectivas somos más felices 😉 

Y el hábito que más me costó, y del cual estoy más orgullosa, fue aprender a ir a mis listas para elegir con confianza qué hacer (y qué no hacer) en cada momento. Practiqué la asertividad, me desenganché del correo electrónico, dejé de inventarme fechas en el calendario, dejé de planificar. 

De pronto, tras pelearme un tiempo conmigo misma, me encontré yendo a mis listas. Elijo, ejecuto, tacho. Elijo, ejecuto, tacho. Elijo, ejecuto, tacho ¡puro automatismo! Es como conducir un Ferrari en una autopista sin tráfico.

Así pues, aprender o modificar hábitos parece ser esencial para tu camino hacia la efectividad personal. ¡Feliz lectura!

Comentarios

Fernando Rius avatar
Fernando Rius


Hola Laura .excelente libro.muchas gracias por el consejo.un abrazo.saludos!!

Laura Sastre avatar
Laura Sastre


Hola Fernando, me alegra que te haya gustado.
A mí me ha venido muy bien para retomar algunas rutinas que tenía abandonadas... ;)
Un abrazo.
Laura.

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