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La receta de GTD son los hábitos

| tiempo de lectura 4:02'
La receta de GTD son los hábitos

Empezaré por el final: GTD no es difícil, simplemente es nuevo para ti. Si te cuesta, es porque necesitas desarrollar nuevos hábitos. ¿Recuerdas cuando te quitaron los ruedines de la bicicleta? Al principio tienes miedo a caerte, te tiemblan las piernas y piensas que jamás lo lograrás ¡aún conservo una pequeña cicatriz en mi rodilla de mi primera caída! Por eso hoy quiero contarte que la receta para aprender GTD son los hábitos.

Me siento totalmente identificada cuando en alguna de nuestras formaciones me encuentro con objeciones o escepticismo. Recuerdo perfectamente mis sensaciones cuando empecé a tontear con la metodología. No me escondo, porque pasé por las mismas etapas de resistencia, y cuento mi propia experiencia sin pudor.

Era ese tipo de personas que hacía las cosas «en caliente», pues no sabía qué era eso de «aclarar mis capturas». Claro que yo por aquel entonces no «capturaba», sino que escribía en libretas las tareas que tenía que hacer en una lista llamada «cosas a hacer». 

Mi archivo pasó a mejor vida ¡yo, que creía que era una persona ordenada! Y sí, muy ordenada era, pero nada organizada, qué ingenua. Hubo un antes y un después en mis archivos —y en mi efectividad— cuando aprendí la diferencia entre orden y organización. Por no hablar de mi obsesión en planificar absolutamente todo en mi vida (y en la de los demás).

Por ello es que renegué de GTD durante muchos años, diciendo que GTD no era para mí. 

Hasta que tomé conciencia de que tenía que cambiar algo. Quizás te haya sucedido a ti también. Has oído hablar de GTD, hasta puede que hayas leído los libros de David Allen o conoces a alguien que ha hecho la formación GTD® oficial y te ha hablado maravillas.

Tú también quieres ser una persona efectiva y saborear aquello que dicen de «vivir sin estrés». Quieres la receta del éxito.

Eres consciente de que necesitas un cambio, que no puedes seguir así porque «no te da la vida», pero saberlo no es suficiente. Yo también sabía que mi método no funcionaba, pero saberlo no hizo que cambiaran las cosas por arte de magia

En un post anterior te invité a leer el libro de Charles Duhigg El poder de los hábitos, el cual te recomiendo, especialmente si estás en tu camino para dominar GTD.

Tiene algunas frases para enmarcar, además de múltiples ejemplos reales que explican cómo funcionan los hábitos, cómo te condicionan y cómo puedes cambiarlos.

Como dice el autor, a veces se requiere «algo más» que ser consciente de que tienes que cambiar algo. Tienes que tomar la decisión de querer cambiar tus hábitos. De ahí la importancia de entender sus mecanismos y reconocer que va a requerir un esfuerzo identificar las señales y las recompensas que motivan las rutinas para encontrar alternativas.

Mi desencadenante fue reconocer que tenía hábitos que iban en contra de mi efectividad, por lo que sentí la responsabilidad de cambiarlos. Por ejemplo:

  • Acabar con las distracciones desactivando las notificaciones del correo y redes sociales.
  • Evitar la tentación de dejarme llevar por las interrupciones desarrollando el hábito de la captura y practicando la asertividad, porque el «No» también existe.
  • Dejar de soñar con objetivos abstractos y aprender a definir resultados concretos.
  • Procrastinar menos a partir de ser generosa a la hora de pensar y definir las acciones de manera específica y detallada de qué hacer, cómo y dónde.
  • Dejar de saltar de un tema a otro y trabajar por contextos.
  • Planificar menos y practicar el «vamos viendo» qué tiene más sentido hacer en cada momento.
  • Aceptar que la multitarea es una falacia en términos de efectividad.

Como dice el autor del libro, «una vez que entendemos que es posible cambiar hábitos, tenemos la libertad —y la responsabilidad— de reconfigurarlos».

Expone un caso personal (de éxito) con el correo electrónico y su adicción a las notificaciones. Su ejemplo me traslada a la época de cuando tuve la «maldita» Blackberry

¿Recuerdas la vibración y/o la luz roja del teléfono inteligente? Yo tenía ambas cosas activadas. Magnífico invento para distraer a tu cerebro. Una señal que se acaba convirtiendo en lo que Duhhig llama «ansia de distracción», lo cual desesperaba a las personas que me rodeaban.

¿Cuántas veces al día miras si te ha entrado una nueva notificación aunque sabes a ciencia cierta que no te ha vibrado el móvil ni ha aparecido un globo rojo en los últimos cinco minutos?

Lo que ahora sé —porque he cambiado el hábito— es que si desactivo las notificaciones, puedo pasarme horas trabajando sin pensar en revisar el correo o perder el tiempo en las redes sociales. Lo mismo explica Duhigg.

Este pequeño cambio puede suponer aumentar exponencialmente tu productividad. En su caso, cambiar la frecuencia con la que revisaba su correo electrónico ¡supuso un aumento de al menos un 400%!

Y así con muchos hábitos que han interferido en mi efectividad durante años. Cuando entendí cómo funcionan y a detectar las señales, las rutinas y las recompensas, empecé a disfrutar los beneficios de cada cambio. Fui consciente del significado de la frase de Duhhig: «obtienes poder sobre los hábitos».

Lo que quería contarte hoy es que no hay fórmulas secretas, tampoco es una cuestión de buscar recetas ni atajos. La efectividad personal es un camino, y la clave para dominar GTD está en cambiar hábitos.  

Nada sucede ni por ósmosis ni porque lo desees intensamente. Sólo hay que saber dónde buscar, porque «la mayoría de los hábitos de la gente existen desde hace tanto que ya no prestan atención a las causa».

Comentarios

Fernando Rius avatar
Fernando Rius


Hola Laura.la mencion que hace del campeon Phelps es impresionante .El habito de la visualizacion antes de la partida .Un abrazo.saludos

Laura Sastre avatar
Laura Sastre


Hola Fernando, así es. Todos los ejemplos que expone el autor me han resultado muy útiles para entender cómo funcionan los hábitos. Personalmente, estas historias reales me han inspirado para modificar algunos, como arrancar otra vez con el deporte ;)
Un abrazo.
Laura.

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