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Optima infinito

No te engañes ¿todo son urgencias?

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No te engañes ¿todo son urgencias?

La mayoría de los mortales hemos crecido con la (falsa) creencia de que trabajar según surgen las cosas es algo natural, porque ¡todo el mundo lo hace!

También parece darse el caso de que todo el mundo tiene urgencias que atender en el día a día. Creemos que (casi) nada puede esperar. De hecho, no es raro encontrarse en la situación de estar atendiendo antes las «urgencias» de los demás que los asuntos propios. 

Más aún, atendemos las «urgencias» de los demás que, a menudo, son el resultado de una falta de claridad y de perspectiva mientras dejamos nuestros compromisos —casi siempre los personales— ya si eso si sobra tiempo al final del día.

Una urgencia responde —según la RAE— a una «necesidad o falta apremiante de lo que es menester para algún negocio, un caso urgente hospitalario, la inmediata obligación de cumplir una ley o un precepto».

En lengua española, una «emergencia» no difiere mucho de la «urgencia», pues se define como «una situación de peligro o desastre que requiere una acción inmediata».

Ya sabrás a estas alturas que recientemente sufrí un pequeño accidente doméstico que me llevó directamente a una Emergency Room, lo que llamaríamos las emergencias del centro sanitario de mi barrio. 

De ahí, tras el primer examen médico de mi herida, me advirtieron de que debía acudir a un Urgent Care Center lo antes posible, pues era posible que tuviera que requerir una operación de urgencia.

Con el susto en el cuerpo, y ante el miedo de perder mi dedo pulgar, esperé durante horas el veredicto final: la vamos a operar de emergencia en el plazo máximo de 72 horas.

Claro que mi inglés da para lo que da en un país en el que todavía muchas cosas me son ajenas y donde la burocracia y el papeleo interminable están por encima del trato humano y empático con los pacientes.

Te preguntarás por qué carajo te estoy contando esta historia hoy. Sólo quería compartir contigo mi aprendizaje en la distinción entre atender una «urgencia» y una «emergencia».

«If you let yourself get caught up in the urgency of the moment, without feeling comfortable about what you’re not dealing with, the result is frustration and anxiety», David Allen.

Una urgencia es algo que —de verdad—  no puede esperar. Las enfermeras que me atendieron ante mi conmoción inicial me explicaron que una operación de urgencia era una necrosis o una accidente vascular. Algo «de vida o muerte». No era mi caso.

Lo mío era una emergencia de libro, que puede esperar unas horas o unos días. En mi caso, hasta 72 horas para recuperar el tendón que me corté.

Esta distinción me hizo pensar en los ejemplos que suelo utilizar en las formaciones. En nuestro día a día creemos estar atendiendo urgencias cuando, en la mayoría de los casos, cualquier cosa puede esperar unos minutos, horas o incluso días

Es decir, que la mayor parte de nuestra jornada podemos continuar —¡incluso terminar!— lo que estamos haciendo.

Como explica Jordi Fortuny en su último post, puedes (y debes) aprender a gestionar las interrupciones, pues tienen un alto impacto en tu efectividad. Y que no te engañen (ni te engañes) porque no todo son urgencias. Una urgencia es que te llamen del colegio de tu hijo porque se ha puesto enfermo o que se te queme la casa. 

Así pues, ante las falsas urgencias, calma. Termina de redactar este email, no lo dejes (otra vez) en borrador. Acaba la reunión estando presente y respetando a las personas asistentes. Come tranquilamente, que no viene de 10 minutos. Échate una cabezadita, que el mundo no se acaba. No dejes a medias tu bandeja de entrada si estás aclarando, vacíala. Casi cualquier cosa, seguro que puede esperar.

Piénsalo, de verdad, en tu día a día ¿todo son urgencias?

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